El Sur necesita al Norte y el Norte al Sur

El Sur necesita al Norte y el Norte al Sur

Más allá del crecimiento económico, América Latina en las últimas décadas ha logrado sustanciales avances en desarrollo humano. Así se afirma en el Informe sobre Desarrollo Humano 2013 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) titulado “El ascenso del Sur: progreso humano en un mundo diverso”.

Según Helen Clark, administradora del PNUD, “el desarrollo económico por sí solo no se traslada automáticamente en avances en desarrollo humano,” sino que depende de “las inversiones significativas en las capacidades de las personas, centradas en la educación, la alimentación y la salud, y las habilidades de empleo”.

El Informe elogia los programas sociales innovadores aplicados en la región de América Latina, en particular aquellos dirigidos a reducir la pobreza y las desigualdades sociales. En palabras de Heraldo Muñoz, director del PNUD para América Latina y el Caribe, la clave del desarrollo social de la región reside en tres puntos básicos: “mayor proactividad del Estado en las políticas de desarrollo, mayor integración con los mercados globales, y sobre todo innovación ejemplar en políticas sociales.”

América Latina demuestra una buena dinámica en todos los indicadores que componen el Índice de Desarrollo Humano (IDH). Entre 2000 y 2012 ha registrado un crecimiento anual medio del 0,67% en el valor IDH, el mayor de todas las regiones. El valor IDH promedio para la región es 0,741%, el segundo mayor del mundo y superior a la media mundial, del 0,694%.  Además, la región cuenta con la tercera mayor relación del planeta en empleo-población.

Según la Encuesta Mundial Gallup, la media general de bienestar de vida de América Latina es la mayor de todas las regiones. Y el panorama futuro también es halagüeño: en 2030 América Latina y el Caribe serán el hogar de uno de cada diez miembros de la clase media global. Miles de millones de personas de todo el mundo están cada vez más formados, socialmente comprometidos e internacionalmente interconectados.

La Globalización, ¿aliado o enemigo de la cultura local?
Vinculado a este concepto de interconexión global surgen inexorablemente preguntas sobre la influencia de la globalización en los contextos emergentes. ¿Es la globalización una dinámica de convergencia de los modos de vida y de consumo? ¿Se trata de una forma superficial de asimilación cultural, que deja intactas las raíces de las diferentes culturas? ¿Amenaza con destruir la diversidad?

A simple vista, la globalización suma a una reducción de los rigores de las distancias físicas (por razón del desarrollo tecnológico en transporte de personas, objetos y capitales, y del avance en telecomunicaciones) un descenso en las distancias culturales. El intercambio global de información está en buena medida financiado por la publicidad y el comercio y, por tanto, busca rentabilidad económica al inculcar un modelo capitalista occidentalizado. Desde un prisma negativo, la “aldea global” alimenta el consumismo y las aspiraciones de los consumidores sin dar valor a las cosas. Es característico de nuestra época que cada generación espere disponer exclusivamente de una situación material mejor que la de sus predecesoras.

Sin embargo, no faltan las voces cualificadas que ven en la globalización una oportunidad de optimización social y cultural. Ulrich Beck, prestigioso sociólogo alemán, definió  la globalización como un “proceso que crea vínculos y espacios sociales transnacionales, revaloriza culturas locales y trae a un primer plano terceras culturas híbridas”. Estas terceras culturas son un mestizaje enriquecedor.

En la misma línea se manifiesta el sociólogo español Lamo de Espinosa, para quien con la globalización aparece una la macro-cultura global contrastada por “un regreso a lo micro y a la  reafirmación de identidades particulares”.  Una relación correcta con la globalización permitiría por tanto reafirmar la identidad local mientras se enriquece con el conocimiento global y el intercambio positivo de ideas.

Como ejemplo de este potencial virtuoso de la globalización, puede exponerse que las claves del éxito en política social de América Latina que hemos comentado se han “exportado” a Nueva York. El alcalde de esa metrópoli, Michael Bloomberg, ha estudiado in situ diversos programas de oportunidades latinoamericanos antes de poner en marcha Opportunity NYC: Family Rewards, el primer programa de transferencia condicional de dinero de los Estados Unidos.  “A la hora de diseñar Family Rewards, nos basamos en las lecciones aprendidas en Brasil, México y otra decena de países”, ha señalado Bloomberg, que ha añadido “nadie tiene el monopolio de las buenas ideas.”

De forma inversa La Fundación Moises Bertoni de Paraguay ha “importado” un modelo aplicado en España para proteger a perpetuidad de la desforestación la Reserva Natural del Bosque Mbaracayú (64.000 Htas), creando la figura de la Mancomunidad de Municipios que lo rodean y auspiciando un entorno de desarrollo sostenible de la zona.

La globalización es, por encima de una amenaza para la diversidad, una oportunidad para el enriquecimiento recíproco, para la sinergia global en un planeta donde los objetivos y la visión han de avanzar en intereses comunes. Como se expone en el Informe sobre Desarrollo Humano 2013, “el Sur necesita al Norte, pero cada vez más, el Norte también necesita al Sur.”