Cambiar las cosas a pie de calle

Cambiar las cosas a pie de calle

Vivimos tiempos… qué vamos a decir que no esté dicho al respecto de lo difíciles que están siendo para la nuestra sociedad.

Mientras el ciudadano de a pie siente que no puede cambiar las cosas, sólo padecerlas y en todo caso, ejercer el derecho a la queja. Y, así pasa el tiempo, valioso tesoro, despojado de la consideración de su valía.

El tiempo es un bien tan válido o más que el dinero.

Hay que aplicar un tiempo para analizar la situación y, desde un proceso reflexivo, pensar alternativas al Sistema que vivimos y, con la fuerza de una determinación emprendedora, acometerlas.

Pam Warhurst es una ciudadana de a pie británica que ha empleado bien este poderoso capital llamado tiempo. Lo ha invertido en reflexionar sobre cómo cambiar las cosas desde abajo, sin medios económicos. Sólo tuvo que mirar a su alrededor, hacia los espacios públicos de su pueblo de 16.000 habitantes. Estaba lleno de lugares desaprovechados. Con la ayuda de voluntarios locales, 70 zonas en desuso fueron transformadas en pequeños huertos. A la iniciativa se fueron sumando voluntarios que aportan dos mañanas al mes de su tiempo para mantener esos huertos.

El resultado ha sido impresionante: todo el pueblo dispone gratuitamente de fruta y verdura (el municipio está lleno de “Sírvase usted mismo” escritos en carteles); se ha creado un centro de acuaponía, hidroponía y permacultura, que emplea a seis personas; el 46% de los negocios locales ha crecido (la localidad es mucho más visitada ahora); y, se ha incrementado la solidaridad entre los vecinos.

En una entrevista concedida a La Vanguardia, Pam Warhurst explica cómo la solidaridad se retroalimenta: “Una familia que pasaba por delante (del jardín-huerto de una amiga suya) a diario llenó su cesta, y al día siguiente le llevaron una sopa preparada con su verdura. Así se crea la comunidad”.

Este movimiento ciudadano se llama Incredible Edible y ya se ha extendido a otras 33 ciudades de Inglaterra y a otras partes del mundo. En todas ellas, la gente cuenta con saludable producto local gratuito y un mejor entorno. Las economías locales han mejorado, así como la interacción entre sus ciudadanos.
Este ejemplo de excelente inversión de ese poderoso activo llamado tiempo puede invitarnos a cambiar la forma de pensar, de afrontar nuestra realidad. Como afirma Pam, “hay que dejar de sentirse víctima y empezar a cambiar el futuro con nuestras manos”.